¿De donde viene el rabel?

Las primeras documentaciones de algún símil con el rabel datan de principios del siglo X, en Asia. 

En España, y con bastante asiduidad, empezamos a encontrar algunas ilustraciones, grabados y escritos en las que aparece el rabel a partir de la Edad Media (s. XII Y XIII), como pueden ser en algunas pinturas de "Las Cantigas" de Alfonso X El Sabio o en el arco de la portada central de la fachada sur de la Catedral de León donde, hay una talla en piedra del 'Rey Músico' portando un rabel (s. XIII). Pero sabemos que su origen es más remoto ya que es un instrumento con ascendencia morisca.

            

Cantigas de Alfonso X                                                   Rey músico (Catedral de León)

El rabel, a partir de aquí tuvo su evolución en dos vertientes diferentes:

Una, la vertiente noble, por el uso que hacían de el los trovadores (s. XII), que pertenecían a la más alta nobleza. Estos componían e interpretaban diferentes poesías y romances que por lo general trataban sobre temas amorosos o de la guerra.

                                                                                             Trovadores

La segunda vertiente, la popular,  a través de los juglares. Ellos eran trotamundos que recorrían los diferentes pueblos y aldeas y que se ganaban la vida entreteniendo a las gentes del pueblo a cambio de dinero o comida.

                                                             Juglares

Es en el siglo XV cuando, sobre todo con la aportación eclesiástica, el rabel va a sufrir una enorme transformación convirtiéndose poco a poco en lo que conocemos como violines, violas, etc.

Pero el sencillo rabel resurge con la trashumancia de pastores a través de las tradicionales cañadas reales  ya en el siglo XVI, que al moverse con sus rebaños sobre todo en la mitad norte peninsular iban sembrando romances y coplas populares por los distintos pueblos que pasaban. Por eso solemos definir el rabel como un instrumento pastoril.

           

El peor momento de este instrumento es nuestra época, en la que casi llegó a desaparecer fruto de la poca evolución que le hemos dado al rabel para conservarlo prácticamente como era en la Edad Media y con este timbre musical que tiene tan inconfundible.

Son pocas las provincias en la península donde el rabel ha llegado hasta nuestros días en sus diferentes facetas, formas y tamaños como Cantabria, Palencia, León (sobre todo en la zona de la Montaña), Zamora, Toledo, La Rioja y Asturias.

Por suerte son varias las personas que se han interesado por el estudio de este instrumento en los últimos años y a través de la creación de las Escuelas Musicales del Rabel que hoy tenemos hará que este instrumento resurja con más fuerza y no desaparezca. 

                                                                Jose Francisco Juarez